Creatividad



En esta página mostraremos los resultados de los ejercicios hechos desde la quietud interior. debería ser un espacio donde se exponga aquello que sale del silencio interior. Sin razonar.

5 comentarios:

  1. De un día contigo

    Cuarto

    Vago por el tiempo pintado de canela.
    Deambulo ensimismado con tu perfil izquierdo,
    ese que ocultas si te miran los mirlos.
    Ando metido en cajas llenas de pájaros dormidos.

    No toco tu sombra cuando subo a la calera,
    a lo más blanco de tu risa, a lo que oculta la palabra.
    No consigo sonreír a los pétalos de las amapolas,
    ni a las ramas de abedul, ni siquiera a la quimera de que me ames.

    Vago por el tiempo pintado de canela.

    Luis.

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    Respuestas

    1. Es un gozo tener la alegría a mi lado
      Con ella nunca estaré sola
      me hace el caminar por la vida más agradable
      Händl ya lo compuso en su Himno a la Alegría
      qué acompañó primero a mi padre en su entierro
      y después a mi madre.
      La alegría lo supera todo,
      incluso la falta de mis dos hermanos
      quienes me fueron arrebatados
      no por la muerte
      sino por la vida.
      A ellos los deseo lo mejor
      porqué el amor lo supera todo.
      Doy gracias por mis dos hermanas
      quienes son para mi cómo una raya de sol.

      MCM

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  2. De un día contigo

    Quinto.

    He visto cómo te peinabas,
    cómo los silencios se mecían en tu mano,
    en tu mirada absorta, alejada de los ajetreos,
    de la prisa de los rojos de tu vestido.

    He visto cómo se mecían tus cabellos,
    las olas de la nostalgia,
    los besos colgados del recuerdo,
    mi anhelo por acariciar el hueco de tu almohada.

    Hoy he visto como te peinabas.

    Luis.

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  3. Me parece muy interesante disponer de un lugar para aportar pequeñas creaciones. Ahí va mi aportación. Pretende ser un relato corto.

    Todas las tardes, Miguel recogía arándanos para la mermelada que hacía su abuela. Era un trabajo monótono que no le gustaba demasiado. Sin embargo, aquella tarde todo fue diferente. Al recoger uno de los frutos vio que algo se movía en su superficie. Miró fijamente, y se quedó boquiabierto, al contemplar, que aquello que se movía era una bolita de color naranja.

    La bolita andaba, quizá sea mejor decir rodaba, por el arándano sin caerse. Subía por el tallo, se daba la vuelta y curioseaba por debajo del fruto, o, de pronto, daba un brinco hacía una piruetas y se volvía a posar. Miguel se restregó los ojos por si aquello era una alucinación. Pero no, la bolita seguía allí. Tendió la mano con mucho cuidado para cogerla. No podía, la bolita se deshacía y volvía a formarse de nuevo en otro lugar. Esta vez la vio montada en una madreselva.

    Sara

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